Cuando yo susurré a un caballo

Prácticamente todos recordareis la empalagosa película del hombre que susurraba a los caballos. Quien me conoce, sabe que mi historia susurrando a los caballos, puede ser cualquier cosa, menos empalagosa. Y tiene razón. Era a comienzos del año 1983, por aquel entonces tenía yo diecisiete años, estaba aun por explotar, para más datos estaba estudiando en la escuela de hostelería de Almería dos cursos en un año (aprobados con una nota magnifica, todo hay que decirlo). Por aquellos años, de vez en cuando, empresas de hostelería pedían para algún trabajo extra, personal de apoyo que podría realizar prácticas en servicios reales. Un gran restaurante de la zona de Tabernas, pidió tres camareros para hacer un servicio. Se le comentó que con nuestra edad, no disponíamos de medios para presentarnos en Tabernas a realizar el servicio, pero no había problema, nos recogían en Almería, y al terminar, por la tarde, nos volvían a traer. Era un servicio extraordinario, entre semana, a medio día, por eso no encontraban camareros de refuerzo,  buscaron la opción de los estudiantes de la escuela de hostelería. El profesor escogió los tres alumnos que, por ir avanzados, podíamos faltar un día para este servicio.

Llegó el día del evento, nos recogió, relativamente temprano, el dueño del restaurante. Una vez en el coche, este hombre nos dijo que nos olvidáramos de todo lo que habíamos aprendido en la escuela. Nada de servicio cinco tenedores, fuera lujos. Se suponía que habría tres camareros más experimentados,  nosotros les ayudaríamos. Pero nos encontramos solos. El servicio debía ser tasquero al máximo. Venían más de veinte autocares, llenos de alemanes, para comer. Nosotros abrimos mucho los ojos, tragamos saliva, a esperar como se organizaba la cosa. De momento, nada de dentro del restaurante, detrás tenían preparada una terraza enorme, al aire libre que el tiempo lo permitía. Ya tenía muchas mesas grandes listas, nos pusimos los tres a montar cubiertos, platos, vasos, etc., temiéndonos la avalancha que nos venía encima. Pero debo reconocer que estaban (dentro de lo que cabe) bien organizados, tenían unas parrillas enormes en un lado de la terraza, los cocineros prepararon las brasas para cuando llegaron los autocares, más de veinte, tambien estaban en las mesas unas cestas de pan, fuentes de ensalada, varias jarras de cerveza y otras tantas de sangría, por supuesto que nosotros habíamos montado. No nos enteramos cuando habían llegado los alemanes, estábamos enfrascados en adelantar todo le que podíamos. Esperando a los niños que venían en los autobuses,  a algún mayor también, estaban unos cuantos burros, con sus aperos, su gorro para que se subieran e hiciesen fotos. Ni nos enteramos cuando llegaron los burros, tampoco cuando se fueron. Conforme se sentaban en las mesas, nosotros “sólo” tuvimos que llevar fuentes con chuletas de cerdo y medios pollos asados en las brasas, dejábamos las fuentes en las mesas, los alemanes ya se apañaban. Rellenamos las jarras de cerveza y sangría y dimos otra ronda por todas las mesas llevando más chuletas y pollos, que nadie pueda decir que pasara hambre. Cuando terminamos la segunda ronda de carne, pasamos al postre, cogimos cajas enteras, sin abrir,  de tarrinas de helado, dejábamos una caja en cada mesa, los comensales entendieron el tema del autoservicio a la primera, en una mesa tocaba tarrina de vainilla, en la otra fresa y nata,  el que quería cambiar de sabor, se iba a otra mesa a coger su postre. No nos enteramos cuando, pero unos jóvenes habían preparado juegos para entretener  a los comensales, en una especie de escenario que tenían. Después de los juegos, los de la animación, se pusieron trajes de sevillana las chicas, los chicos unas guitarras y bailaron algo de flamenco que fue muy aplaudido por los asistentes. Nosotros tres, acostumbrados a no parar en la escuela de hostelería, ya estábamos recogiendo las fuentes, platos y vasos que había sobre la mesa. Afortunadamente, tenían unas pilas enormes preparadas, con unas mujeres que se dedicaban solo a fregar aquel menage. De pronto, igual que habían llegado, se subieron todos en los autobuses, nos quedamos solos. El dueño llego, nos dijo que esperaba que tardásemos un par de horas o más en recoger todo, pero ya estaba todo fregado, recogido y listo. El problema era que el todavía necesitaba algo de tiempo, por lo que decidió invitarnos a pasar la tarde en el Mini Hollywood, si, en el poblado del oeste, no recuerdo si era socio a algo así. Quedó tan contento que nos pago bastante más de lo pactado, nos regaló alguna cosa y un empleado nos llevo al poblado, donde luego el nos recogería y devolvería a Almería.

Cuando llegamos al poblado del oeste, entre semana, solos con los trabajadores, sin nada que hace por allí, mis compañeros decidieron dar una vuelta por el poblado con caballos. Ellos sabían montar. Yo puse mis reparos. Jamás me había montado en ningún caballo. Mis compañeros me animaron, es muy fácil, solo tienes que dejarte llevar. El hombre que se dedicaba a aquello, me dijo:

  • No te preocupes, te voy a dejar el caballo que le damos a las viejas y a los niños. Es totalmente manso y está acostumbrado a personas que no han montado nunca.

¡Ay!. Inconsciente juventud. Me dejé engatusar, mis compañeros salieron de la cuadra galopando tranquilamente, mientras a mi me explicaban cómo funcionaba aquello de montar a caballo. Todo listo, muevo las riendas y aquel caballo comienza a andar, tranquilo, pausado, perfecto, como yo quería. Salimos por la puerta de la cuadra y tiro de la rienda hacia la izquierda, por donde habían ido mis compañeros. Pero, increíblemente para mí, el caballo giró a la derecha. Algo he hecho mal, el animal mantenía un par de metros con la cuadra, caminando a su paso, monótono y tranquilo. Al llegar a la esquina de la cuadra, vuelve a realizar otro giro a la derecha. Yo tiraba de las riendas, hacia un lado, hacia el otro, de las dos a la vez, como me habían dicho para que parara, pero el animal seguía a su ritmo, pasando de mis indicaciones. Llegamos a la siguiente esquina de la cuadra, otro giro la derecha. Cuando nos tocó pasar por la puerta de la cuadra, ya que el caballo seguía el mismo procedimiento cada vez que llegaba a una esquina, grite para llamar al encargado de los caballos. Se conoce que debía de tener algo que hacer, por que por allí no estaba.

No quiero alargar la historia repitiendo vuelta, tras vuelta, mi experiencia de aquel día. Llego el momento en el que me resigne a mi destino, a lo lejos, de vez en cuando mis compañeros gritaban mientras corrían por el poblado, con sus caballos, como si fueran realmente pistoleros del viejo oeste, se lo pasaban en grande. Yo seguía dando vueltas a la cuadra. Llevaba ya mucho rato, casi media hora dando vueltas a la cuadra, cuando mis nervios empezaron a avisar. Mi culo hacia mucho rato que avisaba. Esto hay que pararlo, ya estas hasta los ….. de dar vueltas a la cuadra,  además mi cuerpo ya me dolía como si me hubiesen dado una paliza. A mi caballo le daba igual lo que le dijese, lo que hiciese con las riendas, el seguía a su paso, hasta que llegaba a la siguiente esquina, que giraba a su derecha a buscar otra esquina mas. Miro mi reloj, se cumple justo la media hora subido a aquel animal, mis ojos distraídos buscando alguien que me socorra. En aquel momento, justo transcurrida la media hora exacta, el caballo al pasar por la puerta de la cuadra, sin previo aviso, giró y entró, si no ando fino, me llevo un cabezazo con el travesaño de aquella puerta. El caballo, a su ritmo, ¿para qué iba a variarlo? Se fue a su establo,  se puso a comer paja. Al agachar la cabeza para empezar a comer, no me caí de milagro. Aproveché su parada para bajarme del animal. Salí corriendo de la cuadra, no fuera a recibir una coz, o algo. Me senté en un banco que estaba a la puerta del Saloon,  cuando pasaban mis compañeros me decían que me subiera otra vez, a disfrutar del caballo. Era justo lo que yo estaba pensando hacer, justamente eso. Más tarde vino el dueño del restaurante y, por fin,  nos llevo hasta nuestras casas.

Esta es mi historia de la primera vez que me subí a un caballo. Por cierto,  la ultima también.

Muchas gracias por llegar hasta aquí, ya puestos, si puedes y te apetece, comparte enlace de este artículo con los botones de abajo, para conseguir la mayor difusión posible.

Como siempre, desearos lo mejor, nos vemos pronto.

hombre-susurraba-caballos-pelicula

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