Un sueño tranquilo y reparador

Alguna de las historias que mas os gustan, son de mis batallitas en el ejército,  hoy toca contar una de las que mas me gustan. Ya comenté que era cabo primero de artillería. Por norma, teníamos que hacer unas diez maniobras al año. De ellas solo una o dos eran de fuego real, cosas de la economía de la época, no estaba la cosa para ir tirando proyectiles nada baratos, ni mucho menos. Por tanto, el resto de maniobras eran mas “juegos de guerra” que otra cosa. Orientación, marchas a pie, guerrilla contra guerrilla, etc.  Estas ultimas eran de las mas entretenidas. Se dividía al personal en grupos, mas o menos de ocho soldados,  se les soltaba en un sitio desconocido para ellos, se tenían que “buscar” la vida en plan de supervivencia, además de tener unas ordenes concretas, por ejemplo, a un grupo le tocaba defender un “punto estratégico” y a otro grupo le tocaba atacar ese punto.

 

Esta historia nos paso en unas maniobras que realizamos por la zona del Cortijo del Fraile, que está dentro del parque natural de Cabo de Gata, estas eran maniobras normales, de lunes a viernes. El lunes, traslado de la Base militar, al campamento, montaje de tiendas, aunque prácticamente no las usamos, comida, instrucción básica para las maniobras, que en las de este tipo, casi siempre me tocaban a mí con algún suboficial. Al ser yo de topografía, explicaba el uso de la brújula, como identificar puntos en el mapa, como decidir ruta a seguir, etcétera. Luego estaba la divertida instrucción de saltar del camión en marcha. Puede parecer muy espectacular, pero una vez preparados, es muy fácil y divertido. Todo es cuestión de física, el camión avanza en una dirección, el soldado corre desde la cabina hacia el fin de la caja en dirección contraria, solo debe saltar hacia arriba, nunca hacia atrás, la dirección y velocidad del camión se restan con la del soldado, y aunque parece difícil, si se hace bien, siempre se cae de pie y sin problema. Las primeras veces se salta con el camión a unos veinte kilómetros por hora, pero se termina saltando a sesenta perfectamente. Después de la teoría y practica de los saltos, se realizan los grupos, se cena algo, y ya de noche, a los camiones, se cierran los toldos para que no se sepa donde te van a dejar. Comienzan a rodar por los caminos de la zona. Llega el aviso, nos preparamos nuestro grupo, levantamos la lona del pegaso militar y uno a uno vamos saltando, es de noche, a oscuras, por caminos de piedras, nunca nos pasó nada, ni un pequeño esguince, en los saltos digo.

Los camiones se pierden de nuestra vista, preparándose para dejar otro grupo, lejos del nuestro. Mi grupo me tiene a mí como jefe, voy con dos cabos y cinco soldados. Solo con una brújula y el mapa. Para mi es fácil reconocer donde estamos, nos han dado nuestra misión para el día siguiente, comenzando por recibir el desayuno en unas coordenadas concretas, lejos de donde estamos, ese desayuno solo nos lo darán a una hora precisa. Decidimos llegar al punto del desayuno, o cerca, durante la noche, para descansar después hasta el ultimo momento. Aquel trayecto nos llevaría unas dos horas o así de marcha nocturna, por lo que llegamos pasadas las doce de la noche. Hacia un molesto viento de levante, buscamos donde dormir lo más tranquilos posible. Localicé un murete de aproximadamente un metro de alto. Si nos metíamos con nuestros sacos, pegados al muro por la parte que nos protegía del viento, podíamos pasar una buena noche. Así lo hicimos, nos despertamos poco antes del momento del desayuno. Mas bien nos despertó el cabo Santiago. Buen hombre, gran amigo y mejor persona, de etnia gitana, al grito de: “¡¡¡Mi primero, que nos has metido en un cementerio a dormir!!!”, efectivamente, el murete que nos protegió del viento, cercaba un buen numero de lapidas y tumbas. No quisimos darle mayor importancia, ante las protestas y juramentos del cabo Santiago. Desayunamos, pasamos el día cumpliendo desafíos militares, la siguiente noche, la pasamos donde mejor pudimos, sufriendo el viento de levante. Ya el miércoles de las maniobras, teníamos una buena marcha que hacer, de bastantes kilómetros, siguiendo orientación con brújula. Al terminar la marcha, había que descansar. El cabo Santiago habló con los compañeros y todos de acuerdo, me pidió: “Mi primero, ¿sería capaz de llevarnos otra vez al cementerio?, por lo menos allí dormimos y descansamos con este viento, yo no quiero pasar otra noche como la última” Así se hizo, de manera que yo puedo decir, y digo, que he dormido dos noches en un cementerio, la primera sin saberlo, la segunda, a caso hecho. ¿puedes decir lo mismo?

Muchas gracias por llegar hasta aquí, ya puestos, si puedes y te apetece, comparte enlace de este articulo con los botones de abajo, para conseguir la mayor difusión posible.

Como siempre, desearos lo mejor, nos vemos pronto.

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