¡Tranquilo, estás muerto! (cap. 1)

Recojo un guante que me han lanzado con motivo de dar un granito de arena para ayudar a pasar mejor esta pandemia que nos ha tocado vivir. La verdad es que me han pedido un vídeo leyendo un capitulo de algún libro mio, pero no me veo haciendo ese vídeo, he hecho charlas, presentaciones, entrevistas varias, pero no me veo leyendo en frío. Por eso me he decidido a publicar algo de mi próximo libro, que se llamará “¡Tranquilo, estás muerto!”.  El borrador del primer capitulo, y si la aceptación es buena, subiré algún capitulo más.  El objetivo es entretener algo de este tiempo de confinamiento que nos ha tocado sufrir. ¡Ya nos desquitaremos en los bares! Pero de momento, os dejo por si os gusta, este capitulo. (Por favor, comenten, ya que necesito saber vuestra opinión para ver, corregir o mejorar el trabajo. Gracias anticipadas)

portada

Capitulo 1.      12 de mayo, 11:25. Flor de verano

En los años ochenta, muchas canciones tuvieron su momento de fama y gloria. Algunas tenían la extraña facultad de meterse en la cabeza de la gente de una forma tan salvaje, que no podían dejar de tararearlas. Una de esas canciones, para unas pocas personas, fue “Flor de verano”. La cantaba un joven italiano, Mango se hacia llamar. Tenia un ritmo caprichoso y repetitivo. Podría ser por que aquella canción sonaba mientras cometía su primer asesinato, o por cualquier otra extraña razón, imposible de saber para nadie, pero el caso era que cuando iba a matar a alguien, necesitaba que esa canción sonara en su cabeza. En aquel momento se estaba preparando para matar. Debía comenzar su ritual. Se colocó un primer auricular en el oído derecho, el segundo en el izquierdo. Buscó el botón del Play en un usado Mp3, lo accionó. En aquel momento, su mente estaba inundada por la música del inicio de la canción, aquel ritmo repetitivo llenaba su cabeza. Entre suspiros, comenzó a tararearla. Solamente alguien que estuviera realmente cerca podría oírlo, pero en su mente, la canción sonaba a todo volumen. Estaba preparado para lo que vendría después. Sus labios esperaban el momento justo para cantar.

Es la despedida
me creas o no, es la verdad
veo que has llorado
tú lo sabias, ¿desde cuándo? 

Comprobó que el cargador de su pistola estaba lleno, mecánicamente, parecía un autómata. Como tantas otras veces, comprobó que era fácil cambiar los que tenía preparados de reserva, llevaba un cargador con su correspondiente munición en cada bolsillo trasero de su pantalón. Enroscó con suavidad el silenciador en el arma. Sabía que tenía que eliminar a varios objetivos, posiblemente no estarían todos en la misma habitación, el silenciador evitaría avisar de su presencia y de sus malas intenciones a sus próximas víctimas.

Flor de verano, ya
todo acabo

Noche encantada
estrellas que brillan
radiantes de luz
me siento cansado
no quiero hablar nada, habla tú
Conocía perfectamente la distribución de aquella casa. La mayoría de hombres estaría jugando a la consola en el salón. ¡Son como niños! ¡Ojalá estén todos allí! Su intención era sorprenderlos por la espalda, sin que tuvieran tiempo para reaccionar. Con la facilidad de quien ha entrado muchas veces en aquella vivienda, entró al jardín, la puerta de la terraza, la que daba a la piscina estaba abierta, la cortina le facilitaba el paso. Afortunadamente, para él, el día estaba nublado y nadie notaria su sombra aproximándose. Decidió no entrar por el ventanal, abrió la puerta principal para llegar hasta ellos desde la oscuridad que le proporcionaría el pasillo. Al acercarse reconoció los comentarios de un periodista deportivo. Estaban jugando una partida a futbol online. Les pillaría totalmente distraídos. Avanzaba por el pasillo, en semioscuridad. Al final, este se abría, sin puerta de comunicación, a un enorme salón que estaba muy iluminado gracias a los ventanales de cristal, que daban acceso a la piscina. Aquella tarde nadie se bañaba, el calor sofocante del verano había quedado atrás.

Flor de verano, ya
todo acabo

Tal vez soñé
que vivías feliz junto a mí
siempre feliz entre mis brazos
Pensé que a ti
te bastaba llegar hasta aquí

escapada quizás de algún naufragio 

Desde la esquina del pasillo, pudo ver que había cuatro hombres en el salón. Tres estaban pendientes del juego en el sofá, frente al enorme televisor. El cuarto lo localizo dándole la espalda en la cocina abierta. Estaría preparándose algo de comer. Empuñó su arma con las dos manos, decidió que su primera victima seria la que estaba mas alejada de los tres que jugaban sentados en el sofá. Apuntó a su objetivo. Esperó unos instantes. Quería encontrar el momento perfecto para comenzar su macabra tarea. En su cabeza seguía sonando aquella canción.

Oh la la la la la la la
Oh la la la la la la la 

Pálidos fuegos
somos dos zíngaros en el invierno
los cálidos juegos
duraron muy poco
y la noche se los llevo lejos

El hombre que estaba en la cocina hizo un movimiento extraño. Temió que se diera la vuelta y pudiese verlo, avisando a los demás. Apuntó al hombre que estaba en el sofá más cercano a él, parecía que el miraba la partida, sin jugar, sus otros compañeros de asiento, tenían puesto unos cascos, supuso que en sus manos estarían los mandos del video juego. Disparó por primera vez, prácticamente sin hacer ruido, su víctima comenzó a caerse de bruces, no se había percatado de nada, sin duda, aterrizaría sobre la mesita que estaba frente al sofá. Antes de que se dieran cuenta de nada, ya estaba apuntando a su segunda víctima, la que estaba en el centro. Disparó sin dudarlo, mientras veía que el tercer jugador comenzaba a girar su cuerpo buscando que era lo que estaba pasando, todavía no había entendido realmente nada. Sonrió levemente, ¿Qué pensaría hacer aquel desgraciado? ¡Sólo tenia el mando de la consola entre sus dedos! Disparo rápidamente sin darle tiempo a proferir ningún grito que alertase a los demás. Como si fuera un movimiento natural, su arma ya buscaba al hombre que estaba en la cocina. Vio su cara de asombro, estaba buscando algo con rapidez. Sabía que allí guardaban un fusil ametrallador. Lo que no sabia este hombre, es que él preparaba concienzudamente sus trabajos. Aquella arma estaba descargada. Aún así, no le dejo comprobarlo, antes de que consiguiera levantar el cañón para apuntar hacia su dirección, ya había recibido un disparo que le destrozo parcialmente su cabeza. Como siempre hacía, se preparó para dar a sus victimas un tiro de gracia. Siempre los remataba. Nunca dejó testigos, ni heridos tras de sí. Mientras tanto, él continuaba tarareando.

Flor de verano, ya
todo acabo

Tal vez soñé
que vivías feliz junto a mí
siempre feliz entre mis brazos
Pensé que a ti
te bastaba llegar hasta aquí
escapada quizás de algún naufragio

Oh la la la la la la la
Oh la la la la la la la


Sabía que quedaban dos hombres más en la casa. Uno estaría durmiendo, seguro, le tocaba hacer la guardia de la noche. Buscó en el dormitorio mas alejado del comedor, allí no le molestarían sus compañeros, podría descansar mejor. En los disparos no había agotado las balas del cargador, pero no quería tentar a la suerte. Sacó el cargador del arma y lo sustituyó por uno completo, dejando en el bolsillo trasera el que ya había utilizado. Armó la pistola, procurando hacer el menor ruido posible, asegurándose que tenía una bala en la recamara lista para unirse mortalmente con su objetivo. Abrió lentamente la puerta, la habitación estaba en penumbras. Observo un gran cuerpo, parcialmente tapado en la cama. Su respiración pesada le confirmó que dejaría este mundo sin enterarse de nada. Sonrió levemente, era un detalle dejar este mundo sin sufrimiento. Disparó dos veces mientras continuaba tarareando.

Cierra los ojos
y siempre estarás junto a mí
siempre feliz entre mis brazos
y pensaras que otra vez
has llegado hasta aquí
escapada quizás de algún naufragio

Comprobó que aquel hombre también estaba muerto. El Mp3 había terminado de reproducir la canción, automáticamente comenzó a sonar de nuevo. En la memoria de aquel aparato, su dueño había grabado sesenta y cuatro veces “Flor de verano”. No era un numero caprichoso. Era el máximo de veces que permitía su memoria, no había más, porque no era posible. Continuaba tarareando mientras intentaba localizar a la última víctima. Esperaba que no se hubiese percatado de nada, no quería un enfrentamiento estresante. Hasta el momento, todo había resultado muy fácil y sencillo. Volvió al salón. Todo estaba como lo había dejado. El ultimo hombre debía estar fuera, en el jardín o en la cochera. Salió por el ventanal, procurando hacer el menor ruido posible.

Es la despedida
me creas o no, es la verdad
veo que has llorado
tú lo sabias, ¿desde cuándo?

Flor de verano, ya
todo acabo

 

Rodeando ligeramente la piscina, se acercó a la cochera. Allí lo localizó, el último hombre estaba trasteando una impresionante motocicleta. Tenia las manos manchadas de grasa y le estaba dando la espalda. Estaba enfrascado totalmente en su tarea cuando, súbitamente, sin hacer ningún movimiento brusco, abrió desmesuradamente sus ojos. Había escuchado levemente como alguien susurraba la letra de aquella maldita canción. Él la recordaba perfectamente, no sabía su título, desconocía su letra, pero sabía que, si sonaba, la muerte estaba rondando cerca. Intentó no mostrar signo alguno de que se había percatado de la presencia de alguien a su espalda. Sobre el sillín de la moto había dejado su chaqueta de cuero, en el bolsillo tenia su revolver. Sin hacer ningún gesto excesivo, disimuladamente tiró levemente de la prenda. Suavemente esta comenzó a resbalar para terminar cayendo delante suya. Dio un gruñido como si le molestara que se manchara la ropa, mientras hacia esto, con su mano derecha había empuñado el revolver, con la mano izquierda levantó la prenda, dejándola descuidadamente, de cualquier forma, sobre el sillín. Como si se hubiese activado un resorte, se lanzó rodando a la derecha de la moto lo más rápido que pudo. Cuando su cuerpo giró lo suficiente, pudo ver una silueta que estaba mas cercana a él de lo que podía esperar. Sin pensar nada mas que en su supervivencia disparó intentando hacer blanco en aquella figura. Prácticamente a la vez sus ojos percibieron el destello de un disparo. Al instante notó un fuego abrasador en su pecho. Sabia que era el final, aun así, intentó volver a disparar. Sin conseguirlo. Ya estaba muerto.

Noche encantada
estrellas que brillan
radiantes de luz
me siento cansado
no quiero hablar nada, habla tú

Flor de verano, ya
todo acabo

 

Pensaba que no se había dado cuenta de su presencia. Se había llevado un pequeño susto al ver el rápido gesto de aquel hombretón. Había llegado a disparar. Sintió como el proyectil silbaba cerca de su cabeza. Mientras el grandullón herraba su tiro, él, por su parte, no falló el disparo. El pecho ensangrentado de su victima no dejaba lugar a dudas. Yacía muerto a sus pies. Daba igual, su ritual exigía asegurarse. Disparó de nuevo a su cabeza. Ya no quedaba nadie más vivo en aquella casa, excepto él mismo. Sin mucho miramiento, cogió de los pies esta última víctima, arrastrándola hacia la casa. A través del ventanal lo introdujo en el salón. Una vez estuvo dentro del mismo, lo abandonó junto al sofá y sus compañeros. Cogió el mando de la puerta exterior, abriéndola. Aquella era una lujosa casa totalmente independiente, no había nadie cerca, a las afueras de Mejorada del Campo. Lejos de todo, pero solo a unos treinta kilómetros de Madrid. Era una ubicación inmejorable. Ese era uno de los motivos por los que la habían elegido. Atravesó caminando tranquilamente la entrada de vehículos. Ya no tarareaba susurrando, cantaba a voz normal, no corría el riesgo de delatar su presencia a nadie.

Tal vez soñé
que vivías feliz junto a mí
siempre feliz entre mis brazos
Pensé que a ti
te bastaba llegar hasta aquí

escapada quizás de algún naufragio

Oh la la la la la la la
Oh la la la la la la la

 

Tardó unos minutos, el mecanismo automático hizo deslizar la puerta sobre sus railes, volviendo a cerrarla. Llegó hasta donde había dejado su coche, algo alejado de la casa, lo normal en su caso, él siempre había sido muy cuidadoso con los detalles. Al tocar las llaves de su coche, unos intermitentes y un ligero toque de una bocina le saludaron, provenían de un flamante BMW X6. Arrancó el vehículo y se acercó a la casa. Acciono el mando que obligó a la puerta corredera a facilitarle la entrada. Una vez dentro, del maletero sacó unas garrafas de disolvente industrial. Ardía más rápido que la gasolina, siendo más difícil de rastrear que esta, sabía que las gasolinas tienen distintos componentes, aditivos y marcadores que facilitan identificar fabricante y distribuidor. Vació las garrafas sobre los cuerpos de sus víctimas, deteniéndose en el cuerpo que estaba en la cama. Tomo unas prendas que había encontrado junto a la cama, se dirigió al baño y las empapó bien en agua. Después envolvió con ellas su pierna derecha. Procuró empapar concienzudamente el resto del cuerpo con aquel disolvente. Dejo un reguero de disolvente entre este ultimo cuerpo y los que estaban en el salón. No fumaba, pero la ocasión lo requería, el toque artístico que había visto tantas veces en escenas de películas y series. Cogió un mechero y un cigarrillo de un paquete que estaban frente al televisor, este seguía repitiendo imágenes del juego sin parar, esperando que alguien accionara el mando para continuar con la partida. Cruzó el ventanal. Estando fuera del salón, encendió el cigarrillo. Lo lanzó dentro de la casa, sobre la mesita del televisor. Prácticamente al instante, una llama azulada se alzó sobre los cuerpos inertes de aquellos desgraciados. Él cerró la puerta del ventanal, no quería que una corriente de aire estropeara su estudiado final. Vio perfectamente como una llama se adueñaba totalmente del charco de disolvente, dirigiendo el fuego hasta el interior de la vivienda, sabía que el fuego buscaba el dormitorio. Giró sobre sus talones, se subió en su coche a la vez que abría la puerta corredera. Mientras se alejaba, vio por los retrovisores, como una columna de negro humo coronaba la casa que acababa de abandonar.

Pálidos fuegos
somos dos zíngaros en el invierno
los cálidos juegos
duraron muy poco
y la noche se los llevo lejos

 

Flor de verano, ya
todo acabo

 

Minutos después, ya en la M30, bajo la ventanilla y tiro a la calzada el mando de la puerta que algún coche que circulaba tras él destrozaría sin duda. Nadie podría relacionarle jamás con aquel incendio, con aquellas muertes. Ya había terminado todo. Paró el mecanismo de reproducción del Mp3, lentamente se quitó los auriculares, una tétrica sonrisa se dibujaba en su cara.

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