Relato corto: “Johnson, detective Johnson”

Me lo han pedido muchas veces. La verdad es que perdí muchos de los pequeños relatos que escribí hace tiempo. Hoy he sucumbido y finalmente me atrevo a publicar aquí uno de aquellos relatos que escribí hace tiempo, pensando que nadie leería. Eso sí, me gustaría que comentasen, tanto si les gusta, como si no. Espero sus opiniones.

johnson

El estridente tono de su móvil rompió el silencio de la noche. Ese tono tenía una explicación, cada vez oía peor. Su médico le había recomendado un “sonotone” hacia tiempo, pero él se negaba a usarlo. Lo tenía guardado en el cajón de la mesita de noche.

  • Johnson, detective Johnson.
  • Despierta Dick.
  • Maldita sea, no sé qué hora es, pero creo que acabo de cerrar los ojos.
  • Son las cuatro de la madrugada, ya estas tardando, ha aparecido otra. En diez minutos te recojo.

Cuando se detuvo el Ford Crown Victoria a su lado, tiró la colilla, pero hasta que no cerró la puerta, no exhaló el humo, sabía que le molestaba a su compañero, pero le daba igual. Eran sus típicas bromas entre amigos.

  • Es de locos. Dick, ¿Cuántas van ya?
  • Diecisiete, Tom. Mientras solo nos tengan a nosotros dedicados a este caso, recuerda lo que te digo, no se podrá coger a este asesino. ¿seguro que es el mismo?
  • Si, cuello cortado de derecha a izquierda con instrumento sumamente afilado. No está identificado el cadáver, pero es otra chica, como todas las víctimas.

Sacó su placa, saludó con un gruñido cuando cruzó el cordón policial. Al fondo del callejón, el forense ya había instalado un foco que iluminaba un cuerpo pálido, cubierto con un diminuto vestido azul. La chica tenía el rostro girado hacia su lado izquierdo, los ojos, muy abiertos, miraban a ninguna parte. El delgado cuerpo del forense, estaba ya trabajando con el cuerpo inerte.

  • Dime cosas Sam.
  • El corte del cuello es como siempre, tampoco hay agresión sexual. Creo que la hora aproximada de su fallecimiento será entre las doce y la una de esta noche. Tiene menos de veinte años, no hay bolso ni nada que pueda facilitar su identificación. ¿podemos llevárnosla ya?
  • Sí. Si averiguas algo más, llámame.
  • No creo que encontremos nada relevante, aunque me esforzaré, como siempre.
  • Contamos con ello.

Se giró y vio a su compañero preguntando a las personas que estaban curioseando a aquellas horas, todavía no había despuntado el sol. Dick se dedicó a preguntar sobre todo a las chicas que parecían compañeras de la difunta.

  • ¿La conocías?
  • Solo de vista, creo que era rusa, pero no trabajaba como nosotras.
  • ¿Qué dices? ¿Qué no era puta?
  • Sí, sí que lo era, pero no trabajaba en la calle. Ella consiguió trabajar en un club.
  • ¿Sabes cuál?
  • No, pero seguro que estaba en la zona norte de Boston.
  • Pues ahora mismo está lejos de su club. Gracias, toma mi tarjeta, cualquier cosa o detalle insignificante nos puede ayudar a quitar a este “mataputas” de la calle. Sois vosotras las que mejor podéis ayudaros contándonos todo lo que os parezca sospechoso o importante.

Como siempre, repartió varias tarjetas entre las “compañeras” de la chica. Buscaron pistas, hicieron fotos, pero con todo eso, prácticamente se fueron a la central con las manos vacías. Eso sí, con un nuevo cadáver en la morgue. El resto del día fue papeleo y burocracia en la oficina. Era muy difícil identificar a esta chica, todo indicaba que estaba ilegalmente en el país, sería muy extraño que alguien denunciara su desaparición. Organizaron la escasa información que tenían, sumaron al expediente los pocos datos de este nuevo caso. Resumieron en una palabra las pistas que el departamento de homicidios tenia de este caso. Ninguna. El número de agentes del departamento de homicidios era muy pequeño, todos los días, estadísticamente, se producían dos o tres homicidios en Boston. Aquel era el único asesino en serie que tenían en búsqueda y captura en aquel momento, por eso tenían a dos agentes dedicados en exclusiva para él, pero ninguno más. Su capitán tuvo la gentileza de mandarlos a descansar pronto, por el madrugón.  Ya en su casa, después de una ducha reparadora, pidió una pizza que ni era la comida, ni era la cena, pero cubriría las dos. Quedaba el último trozo en la caja y un par de tragos de la segunda cerveza cuando sonó su móvil.

  • Johnson, detective Johnson.
  • Hola, me habéis dado una tarjeta esta mañana. Cuando la chica de azul.
  • Ah, sí, perfecto. Dime, ¿tienes alguna pista, viste algo?
  • Sí, pero tengo miedo.
  • No te preocupes. No hablemos por teléfono, alguien te puede escuchar. Dime sitio, hora, nos vemos y me cuentas.

Quedaron en un lugar tranquilo, a las diez de la noche, la chica tenía miedo de que la vieran como chivata, buscó un portal tranquilo de  un edificio abandonado, en una calle perdida. Diez minutos antes de la hora acordada estaba escondido junto al portal, fumaba un cigarrillo, haciendo pantalla con su mano, para que la brasa no lo delatara. Precaución inútil, nadie pasaba por allí a esas horas, ni a ninguna. Una chica, muy parecida a la que habían enviado a la morgue aquella mañana se acercó, miraba si alguien le seguía.

  • Buenas noches.
  • ¡Oh! Me ha asustado agente.
  • Tranquila, ven a esta zona, aquí será más difícil que nos vean.
  • Si.
  • Dime, me has llamado, ¿sabes algo?
  • La chica que murió esta mañana era compañera mía, en el club Arnold’s. Entre nosotras no hablamos mucho, no nos dejan, le llamábamos Sara. Pero seguro que ese no era su nombre real.
  • Bien, cuéntame más.
  • Ella me comentó que había visto a alguien cerca de donde habían asesinado a otra chica. Que creía que se habían ido juntos, tenía la matrícula de ese coche.
  • Interesante, una buena pista, ¿tú sabes esa matricula?
  • No, pero me dijo el modelo del coche.
  • Bien, eso es algo. Dime.
  • Era un Chevrolet Malibú, pero de los viejos.
  • Bien, es una pista muy buena. Dime, porque tu compañera no nos avisó, con la matricula, ya tendríamos cogido a ese cabrón.
  • No lo sé, creo que intentó quedar con alguien, pero el asesino se enteraría y la mató antes.
  • ¿No sabes nada más?
  • La verdad es que no, no sé ninguna cosa más.
  • Bien, si pudieras enterarte de su nombre, procedencia o algún dato más, seria de mucha ayuda. Pero no te hagas notar, hazlo discretamente, nosotros iremos al Arnold’s, haz como si no nos conocieras, no te quiero poner en peligro. ¡Ten precaución siempre!
  • Lo intentaré. Me voy, no quiero que llegar tarde al club.
  • Bien, espero noticias tuyas.

Dick cogió un cigarrillo y se lo acercó a su boca. Ella se dio media vuelta, comenzó a andar ligera, no quería que sus taconazos resonaran en el oscuro silencio de la noche. Giró a la izquierda, aquella calle estaba más iluminada, respiró con tranquilidad. Había hecho lo correcto, lo poco que sabía se lo había contado a la policía. Sara era una buena chica, en su mundo no se podía decir amiga, porque no había tiempo para amistad. Miró al cielo buscando estrellas, pero desde que llego allí, había visto muy pocas. El cielo de su ciudad natal estaba cuajado de ellas, pero con la contaminación, era muy difícil ver alguna en Boston.  Una mano, por su derecha, le tapó la boca y la nariz, con lo que su grito quedó ahogado. Sus ojos vieron brillar la hoja del cúter que le rebano el cuello. Fue lo último que registró su retina, su mirada.

El cuerpo, ya sin vida, cayó al suelo. No se preocupó de él. La chica no llevaba nada más que su vestido y una vieja gabardina. Registró rápidamente los bolsillos, solo tabaco y un mechero con publicidad del club Arnold’s. Los guardo y cogió su bolso. Se levantó y comprobó que nadie se había dado cuenta de nada. Desandó sus últimos pasos y se subió a su viejo Chevrolet Malibú. Miró en el bolso, encontró un móvil, tarjetas del club, una billetera con treinta dólares, y unas tarjetas. Se guardó los billetes y metió todo lo demás en el bolso, incluido el tabaco, el mechero, el móvil, el cúter y los guantes de látex que había utilizado. Cuando el coche pasaba por uno de los puentes del rio Charles, lanzó el bolso, asegurándose que se perdía en sus aguas.

Solo en ese momento recordó que llevaba en su boca un cigarrillo que no había encendido aún. Lo prendió con su viejo Zippo, mientras recordaba en voz alta las palabras que había dicho horas antes.

  • Mientras solo nos tengan a nosotros dedicados a este caso, recuerda lo que te digo, no se podrá coger a este asesino.

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