Noche de los carros.

Lo prometido es deuda, hoy me toca contaros la otra historia de semana santa. Los que son de la zona del Bajo Andarax, conocen estas historias y muchas más, de aventuras parecidas. Las que cuento aquí las viví en primera persona, o vi como se realizaban, personalmente.

Desde tiempo inmemorial, en esta comarca, sobre todo, por lo que yo sé, en los pueblos de Gádor, Rioja, Benahadux, Pechina y Viator, existe una tradición que se realiza en la noche que va del sábado al domingo de resurrección. Quizás también se realice en otros sitios, si conocen algún detalle de este tipo, coméntenlo en el blog, cuanto más crezcan nuestros conocimientos, mejor. Cuando conseguí que algún mayor me explicara algo, me decía simplemente que antiguamente no existía el servicio de limpieza municipal. Esta noche se reúnen grupos de amigos, recolectan cualquier cosa que esté abandonada, se lleva a la plaza de la iglesia, o del ayuntamiento, depende del pueblo. De esta manera, el domingo de resurrección podía aparecer dicha plaza, antiguamente, con carros, gallineros, conejeras, escaleras de mano, o mil cosas más. Ya más modernamente lo que dejaban eran coches, hormigoneras, andamios, y de vez en cuando algún viejo carro, que es el objeto que da principalmente nombre a esa noche. Si el dueño de cualquiera de los objetos que aparecían en la plaza, pensaba darle uso, lo recogía y ponía a buen recaudo. Todo lo que se dejaba “olvidado” en la plaza, el ayuntamiento lo hacía desaparecer. De esta manera, poco a poco, las calles se “limpiaban” de trastos inútiles, aunque fuese una vez al año. Esto fue lo que me explicaron. También se llama la noche de ramos, por que los “enamorados” dejaban hermosos ramos en las puertas de sus doncellas, normalmente macetas viejas, o palas de penca, en tono de humor, claro está. Siempre había algún infeliz que compraba un ramo bueno, lo dejaba en la ventana de su amada, cuando esta se despertaba, se encontraba una hermosa penca, ya que algún “listo” había secuestrado el ramo y colocado en un sitio mejor.

Yo puedo contar algunas de las noches de carros que viví entre el año1982 y el 2000. En las que he visto alguna que otra aventura. Ya sé que los que no son de la zona, estarán pensando que todas estas aventuras las realizaron chicos y jóvenes. Algunas sí, pero otras fueron realizadas por grupos ya de gente algo más madura, bastante diría yo. Para que vayan imaginando cómo va la cosa, puedo contar un grupo, en el que uno dice: Por mi barrio, hay un mil quinientos abandonado. (nunca se toca algo que está en uso, ojo, esto que quede bien claro) este coche estaba por detrás de la gasolinera, en la parte más alta del pueblo, cerca del campo de futbol, totalmente abandonado, alguien se subió, trasteó el cambio, lo dejo en punto muerto y gracias a los empujones de unos cuantos, comenzó a rodar. No sin dificultad, ya que no funcionaban los frenos, se paró al filo de la carretera nacional, cuando se comprobó que no había peligro, tomó velocidad, cruzó la carretera, cogió la vieja calle del frontón y milagrosamente llegó a la avenida 28 de febrero sin tocar ningún coche aparcado, ni realizar ningún daño. Una vez se tomo la arteria principal de Benahadux, aquel mil quinientos comenzó a adquirir velocidad, tanto que dejó atrás a su potencia de tracción, todo el grupo se quedó parado viendo como el coche pasaba a un ritmo realmente rápido frente al estanco. Solo aquel valiente que se había ofrecido a dirigirlo permanecía al volante, controlando, si se puede decir así, la situación. Afortunadamente era noche cerrada, serian sobre las cuatro de la madrugada y no era frecuente que circulase ningún tren a esas horas. Lo digo porque el seat no tenia frenos y paso volando sobre los rieles del tren, cuando cruzo el paso a nivel. Los que le seguían, esperando que la pericia del que gobernaba el volante, le salvara de cuantos obstáculos se podía encontrar delante. Finalmente, esta historia terminó con el mil quinientos “aparcado” junto a los eucaliptos que hay debajo de la estación. Sin mayor problema, todo el grupo se puso manos a la obra, como colofón final, el coche terminó en el centro de la plaza.

Recuerdo una noche de otro año, en el que subiendo por la avenida 28 de febrero, vimos lo que quedaba de una vieja furgoneta DKW en procesión, digo bien, (era como la hermandad de la DKW, bonito detalle) avanzaba sin ruedas, pero con un buen montón de piernas debajo. Debian llevarla al hombro unos veinte zagalones, sino mas. No tenia puertas, ni motor, ni cristales, era solo la carcasa, pero, aun así, imponía. Parecía, propiamente, un paso de semana santa, con todos los cofrades llevándola en alto. Una de las gracias o divertimento de esa noche es correr a la guardia civil. Bueno, se dice correr, pero ni la guardia persigue, ni esa es su intención (por lo menos en mis años) su única función, podría decirse que era que nadie cruzase los límites, pero eso daba igual. Si alguien veía el Land Rover, o el Renault cuatro L, de la guardia de Gádor, pegaba el grito y todos se perdían, hasta que pasase “el peligro”.  Recuerdo estar viendo aquel paso de procesión, cuando no sé de dónde, se escuchó un grito “¡Que viene la Guardia!”, No me pregunten como, pero en mi retina se quedó grabada la siguiente imagen, la DKW con mil pies, a continuación, el grito, siguiente imagen la DKW en el aire, sin pies. El fotograma siguiente era la DKW cayendo como el plomo. Ni un rasguño, ni una queja, no pasó nada, milagro de semana santa, decía alguno. Bueno, si pasó, el cuatro latas de la guardia, mirándonos por si estábamos haciendo algo, mas por curiosidad que por otra cosa, pero enseñamos las manos y siguieron su camino. Segundos después, otra vez aquella DKW daba su ultimo viaje como una oruga, con muchas patas, hasta la plaza de la iglesia, como si tal cosa.

Otro año, en un grupo parecido, alguien contó que sus abuelos se reían de los mozos, porque ellos subieron un año un carro al tejado de la iglesia. Semanas antes de la noche de los carros, algunos analizaron como pudieron realizar semejante proeza los abuelos. Estudiaron que la opción más lógica era que habían desmontado el carro (que no sería muy grande, claro está), desde la calle de atrás de la iglesia se habían encaramado, de allí de un tejado a otro y podría ser posible. Se decidieron a igualar la hazaña. Pero en aquellas fechas, el numero de carros disponibles (entiéndase por los que estaban en total abandono) era prácticamente nulo. Había que buscar algo efectivo visualmente, pero olvidándose de que fuese un carro. Un coche, por pequeño que fuera no era una idea viable. A alguien del grupo se le ilumina el rostro. ¿Y una moto? Podía ser lo suficientemente llamativo, sin ser tan voluminoso como un coche. Pero ahora tocaba encontrar alguna que pudiese valer, que estuviese totalmente abandonada. Otro del grupo dice, tengo que comprobar si todavía esta en un sitio una que recuerdo. Al cabo de unos días, confirma que está, le falta la rueda de atrás, por supuesto tiene el faro roto, y mantiene una bonita y llamativa capa de oxido, pero desde cualquier punto de vista, es una moto perfectamente reconocible. Llegó la noche de los carros, se reúne el grupo pasadas las doce. Tranquilamente, van a las afueras, donde en un cortijo en ruinas, estaba aquella joya. Era grande, pero ligera, la llevaron con facilidad. Llegaron a la calle detrás de la iglesia, pero aquel año, no me pregunten por que, había demasiada gente dando vueltas, por una cosa o por otra, descartaron subir la moto a la iglesia. (seguramente no era tan fácil como habían planeado) pero querían hacer algo distinto, no solo querían dejar la moto en la plaza. A algún iluminado del grupo se le ocurrió llevarla a la escuela nueva, ponerla sobre el techo de la entrada. Como pasa con la mayoría de las ideas locas, todos estuvieron de acuerdo. El grupo volvió a pasear la moto por todo el pueblo. Primero saltó uno, luego otro, la moto al fin paso a pulso por encima de la valla, luego los restantes. En algún momento, con la idea de subir la moto a la iglesia, uno de los participantes ya tenia prevista una buena cuerda. Este detalle es importante, luego verán por qué. Con dificultad, los mas agiles subieron a aquel techo, les pasaron la cuerda, con ella y un poco de ayuda de los que aun estaban a nivel del suelo, la moto quedó aparcada en aquel techo. Se marcharon pensando que al no ser uno de los sitios habituales, ¿Cuándo se darían cuenta? Pues fue rápido, la verdad. Una de las cosas que hacíamos el domingo de resurrección era dar una vuelta por las plazas de los pueblos vecinos para ver que habían hecho en cada uno. La noticia corrió de boca en boca y todo el mundo venía a Benahadux a ver la plaza, y la moto del techo de la escuela. Tanto es así, que el lunes, en el periódico, había un articulo con la imagen de la moto en el techo de la escuela. Lo que se tuvieron que reír con el desarrollo de idea loca. Lo que a todo el mundo extrañaba, era como un grupo había tenido los pantalones de poner la moto allí arriba, nadie pensó en lo fácil que había sido con la cuerda.

Superar lo de la moto, requería planificación, el año siguiente aquel grupo, que nadie sabía quién había sido, decidió dar un paso mas allá. Planificaron su nuevo ataque, que debía ser como el de la moto, algo original, no visto antes. Los habitantes de Benahadux de aquellas fechas, quizás recuerden que aquella semana santa (Debía ser mil novecientos noventa y algo) el ayuntamiento estaba en obras, porque estaban dándole una reforma seria. El objetivo era claro, habían pensado en colgar algo llamativo del balcón del ayuntamiento. Se mantuvieron varias reuniones en el entonces Pub J F, de las que yo fui testigo, por eso puedo contar todo, para planificar todo. Decidieron preparar algo de material, este consistía en un saco vacío de cebollas, dos sacos vacíos de patatas, algo de alambre y dos bolsas de basura. Alguien había tenido el dudoso gusto de pintar su casa con un color salmón suave.  Vino de maravilla, se pintaron los sacos de patatas de aquel color rosilla. Ya lo tenían todo preparado. La noche de los carros, fueron a donde tenían el material preparado. Con un cuchillo cortaron el fondo de los dos sacos de patatas pintados.  Con el alambre unieron el saco de cebollas al primer saco de patatas, este, a su vez, lo unieron al segundo saco de patatas. Con aquello ya estaba todo listo, era bastante tarde, no querían que mientras preparaban su maniobra, los más jóvenes estuviesen despiertos y los vieran actuar, había que mantener la operación y a los integrantes en el total anonimato. Finalmente fueron hasta los bancales de naranjos, en el camino que hay detrás del ayuntamiento, llenaron aquel saco largo con las malas hierbas que encontraron entre los árboles. También llenaron las dos bolsas de basura, debo apuntar que eran de estas grandes, tamaño industrial. Con sus sacos llenos, sin hacer ruido se fueron al ayuntamiento. Antes de comenzar, una vuelta de reconocimiento. ¡Oh! Gran problema. El ayuntamiento, en prevención de que algún iluminado pudiese coger los andamios, la hormigonera, o cualquier herramienta de su obra, había puesto casi permanentemente una pareja de municipales. No sé muy bien cómo, pero se organizaron. Casi todos entraron por detrás del ayuntamiento, uno quedo para entretener a las fuerzas del orden público. El acceso lo habían reconocido y preparado los días festivos de semana santa, en los que la obra estaba cerrada, pero no había vigilancia. Cogieron un buen tablón de madera, de los que se colocaban en los andamios de aquella época de la misma obra, lo metieron en el saco, dándole la rigidez que buscaban. El ayuntamiento estaba totalmente en obras, no había muebles. No había nada que no fuesen materiales de construcción. Con mucho sigilo abrieron la ventana del balcón principal, abajo se escuchaba a los municipales hablar con el encargado de despistarles un poco. Preparados para salir corriendo todo lo que podían dar sus pies, si fuera necesario, poco a poco, fueron sacando aquel artefacto, cuando ya estaba mas o menos en posición el tablón, con varios sacos de cemento, que afortunadamente se encontraban por allí, se aseguró aquel “mástil”. Había que colocar las dos bolsas negras de basura, una a cada lado, pero eso haría mucho ruido, afortunadamente, los municipales se movieron un poco, alguien había llevado gritando cualquier cosa a la plaza, como está cerca, se acercaron a curiosear y si era necesario, regañar a los escandalosos. Ese fue el momento que se aprovechó para colgar, una a cada lado, las bolsas de basura, y ajustar todo aquel conjunto. Imagínense el cuadro. Un tablón largo, inclinado con la punta hacia el cielo, apoyado en el balcón del ayuntamiento,  algo mas de dos metros media aquel tubo hecho con los dos sacos de patatas de un precioso color salmón, terminado en la punta,  con el rojo que proporcionaba el saco de cebollas, por si fuera poco, en la base del tablón, flanqueando aquel imponente miembro, había dos bolas, una a cada lado, de un brillante negro. Por donde habían entrado, salieron discretamente. No era el caso ir delante de los municipales a ver la hazaña, quizás hasta podrían enfadarse. Dando un gran rodeo, vieron todo lo que estaba en la plaza, desde lejos vieron aquel enorme cipote saliendo del balcón del ayuntamiento. Los municipales, atentos a que no viniera nadie a tocar la obra, no se habían percatado horas después del nuevo miembro municipal. Me contaron que aquel balcón permaneció engalanado todo el domingo, el lunes cuando los obreros retomaron su trabajo, fue cuando desapareció de su sitio. Aquello trajo preguntas, pero ninguna respuesta, de momento, por mi parte se quedará igual. Eso sí, las risas se escucharon desde bastante lejos.

Seguro que muchos de mis antiguos vecinos recuerdan muchas mas historias, algunas mas divertidas que estas. Los animo a comentarlas ya que son, sobre todo con el paso del tiempo, anécdotas para recordar y que no se olviden.

Muchas gracias por llegar hasta aquí, si te gustó comparte esta historia con los botones de abajo, coméntame también que te pareció.

Como siempre, desearos lo mejor, nos vemos pronto.

carro

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